Las Aventuras

Cuando compartís una aventura con alguien generas un vínculo muy fuerte, difícil de explicar.
El cansancio y el frio, hace que te apapaches y te dejes abrazar fuerte fuerte a una persona que no llevas más de 12 hs. De conocer y en ese momento, pareciera la conoces de toda la vida, la abrazas sabiendo que es un abrazo hermanado y además… la gloria misma!

Hacer la comida para cinco personas, inventarte juegos en el camino o cantar durante.
Las pasa de uvas y la granola infaltable, mezclar el arroz con lentejas, la jardinera enlatada y todo lo que encuentres para meterle un poco de color a las comidas.

Reirte a carcajadas cuando estas caminando desde las 3am con los pies que van rotos y en automático.
La parada técnica en silencio donde cada uno se tira regalado al suelo, a cerrar los ojos un rato sin siquiera hablar.

En los momentos de rigor, parece que con solo mirarte, se dice todo y el consenso es unánime.
Dos días de aventura con quien sea que estés, pasan hacer 100 años de amistad.
Las aventuras te vuelven más solidario y menos egoísta, pulís cual miseria tengas quieras o no.
Dividir los pesos de la mochila, mientras uno cocina el otro busca más agua del arroyo, otro lava y así sucesivamente. Todos hacen algo.

Hay un cierto clima de hermandad increíble, y en pocas horas se hace notar en el grupo, la líder, la que va marcando el paso y se preocupa por el resto, al que automáticamente le confias todo.
La que se levanta siempre a fondo con una sonrisota como si no hubiera dormido nunca y te la contagia al instante, de solo recordar tal escena, sonrío.

La que no habla tanto pero cuando dice algo, da al ángulo y lugar donde puede, duerme.
En las aventuras se forja una amistad que duran una eternidad.

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